Oiga, dotor,devuélvame mi depresión
¿no ve que los amigos se apartan de mí?
dicen que no se puede consentir
esa sonrida idiota
Oiga, doctor,
que no escribo una nota
desde que soy feliz.
joaquín sabina.
domingo, 15 de noviembre de 2009
Oiga Doctor
domingo, 1 de noviembre de 2009
De joyas prestadas e incertidumbres dulces...
Esa voz te trae recuerdos. Esa voz te traslada a un lugar en el que nunca has estado, y al que, sin embargo, sientes que pertenece todo tu cuerpo, todo el vacío de tu pecho, tus premoniciones y deseos, tus remebranzas y recuerdos. Ese sitio está allí, al final del pasillo, pero estás ciego y un poquito ebrio y te quedas sobre la cama, mirando la nube cada vez más cerca de tu frente, cada vez más suave, más carnal, mas endeble.
Y esa voz gitana y trashumante te sigue en tu recorrido por la nada debajo de tu cama. Pasas por aquí y por allá, y la penumbra se disipa mientras tus manos acarician con ternura la piel que tu memoria se ha inventado. Sabes bien que ella no es como la recuerdas, sabes perfectamente que no ganaría un certamen de belleza, que sus carnes no son firmes y que su mirada es escueta, pero te intriga escuchar de nuevo su voz y descubrir si el comer tres veces al día ha hecho etragos en sus ya de por si maltrecha figura.
Te preguntas, no sin preocupación, rabia y ternura, si vomita más o menos que antes; si su cabello tiene aún las puntas abiertas o si su lunar, como un insecto que intenta devorar su nariz, sigue quieto en mitad de los ojos, esperando paciente a que un invasor se acerque para ahuyentarlo con lo grotesco de su apariencia.
El lunar después de todo es tu complice. Es que el que habrá de combatir a los posibles invasores, el que resguardara el endeble castillo de la pureza. ¿Irá ella supliando por amor como antes? ¿Porqué si es tan fácil como has concluido te ha costado mas de un mes darle un beso francés y revolotear tu lengau dentro de su boca? ¿Porqué a ti no te ha dicho que vivía en el edificio de allá, allí donde está el número seís [6]? ¿Porqué no ha intentado besarte en el mismo momento que te ha conocido? ¿Porque? Tal vez sea una virgen que juega a ser puta cuando el calor de su entrepierna la nubla la vista, o tal vez una puta que juega a ser virgen cuando el fajar con cualquiera le ha asqueado y quiere sentir por primera vez lo que se siente ser tocada con amor, con dulzura y destreza.
Ah, tal vez no sea nadie. Tal vez haya sido un espejismo, que ahora es doloroso porque ha durado muy poco, o quizás demasiado.
Escucha otra vez Burbujas de Amor, la versión de Niña Pastori, por supuesto, deja de pensar y quedate dormido Rubén, que te hace falta.
martes, 27 de octubre de 2009
Me muero de miedo cada noche, y despierto reconstruido por la ira. Y al mediodía no sé que hacer. Si salir a gritar tu nombre, con la esperanza de que tus oíos aún no estén sordos a mi súplica, o si hundirme en el fango y quedarme quieto callado asfixiado muerto.
Miedo de no volver a sentir. Miedo de que la ciudad te trague, que te quite el dulce encanto de la cara. Miedo de los dedos que ahora pueden explorar tu piel. Descubrirla. Miedo de la desnudez de tu cuerpo en una habitación que no es la mía. Miedo, y celos, y los brazos de muñeca rota que me hacen escribir. Y todo lo demás también.
Y la rabia, la ira. Por las mismas razones y otras tantas. Por no haber sabido reneterte, por no haber construido el paraíso que a susurros me pedías. Por no haber sido más fuerte, por no saber tragar mis palabras en favor de las caricias. Debí haber amado más, hablado menos, callado.
Lo peor radica en el placer de la condena. Es pasión, delirio... Y la pena. La sensualidad de tenerte cerca, y el inminente cosquilleo que siento en la entrepierna cuando te recuerdo y cuando te imagino y cuando indago en tu pasado y cuando te desprecio por lo ordinario de tu aspecto y cuando siento celos de hombres imaginarios que te hablan al oído y que pagan la cuenta en algún restaurante (espantosamente decorado, de eso no me cabe duda) y que fingen ser fans de Kudai para llevarte a la cama. Y lloro al darme cuenta de que lo que necesitabas no era mi amor sincero y politicamente incorrecto, ni mis arranques de pasión que no sabían de tiempo, ni lugar; ni mis poemas vicerales que dejabas perdidos en la oscuridad de tu mala memoria, ni mis deseos de verte convertido en un ángel de alas resplandecientes, ni mis intenciones de llevarte bailando al final del amor. No. No necesitabas eso. No lo necesitas. No lo necesitarás. Necesitas un engaño barato y una solución temporal. Necesitas un amor de dos semanas, un affair sin importancia, alguien con quien ir al cine todos los viernes, con quien tararear la canción que acabas de escuchar en Telehit.
Yo buscaba la eternidad a tu lado, tú solo buscabas como pasar el rato y no sentirte tan sola.
viernes, 23 de octubre de 2009
De rosas y flores muertas...
2. Francis Ford Coppola en su comentario de audio a El Padrino Parte II afirma que aquella escena final en la que la cámara en un close-up a Michael Corleone/Al Pacino nos muestra su precipitado envejecimiento era para él, en su momento, el final de la saga. En términos estéticos asi debió de haber sido. El Padrino Parte III jamás debió haber llegado a las salas, pero ganaron, como casi siempre, las ansias del comercienta sobre la dignidad del artista.
En otro aspecto, aquella escena final podía ser una especia de cierre con broche de oro para una saga de proporciones míticas (en todo sentido) sobre sobre lo que significa ser un hombre. A lo largo de tres horas y 20 minutos, (y un poco más si tomamos en cuenta la última media hora de la eentrega anterior) vemos reflejada en la pantalla, con singular maestría, como un hombre al tratar de proteger el imperio que le ha sido heredado lo perderá víctima de us soberbia, de su incapacidad para mostrar sentimientos (lease debilidad) incluso frente a la mujer con la que comparte le alcoba. Aquellos pocos segundos, resumen, siglos y siglos de la lucha del hombre consigo mismo, su incapacidad para conciliar su instinto (asesino, voráz, posesivo, celoso) con su racionalidad. El drama del a historia se acentúa cuando su historia se pone en comparación con la de su padre: mientras este construye un imperio, aquel lo ve desmoronarse piedra por piedra; mientras aquel sacrifica a su propia familia (la consanguinea) en favor de los negocios, este sostiene su hijo menos en sus brazos, mientras le dice dulces palabras en italiano.
El exceso de control siempre termina por llevar a la revuelta. A veces los líderes, llámense padres de familia, presidentes o ministros religiosos, olvidan, para su propio perjuicio, que aquellos bajo su mando poseén aquello, que si bien escasea, sigue siendo un factor determinante en toda relación humana: la voluntad.
3. Elvis Costello y los Stones comparten una notable influencia: la música country. Costello incursionó en el género con mas pena que gloria en 1981 con el album Almost Blue. Sus satánicas majestades en cambio lo hicieron con éxito notable, en cortes aislados de Let It Bleed (1969) Sticky fingers (1971) y Exile on Main St (1972). La influencia de Gram Parsons, amigo personal de Richards, es más que notable, claro que los Stones le brindan al ya de por si gastado y cansado género algo lo que Costello no fue capaz: su propio toque distintivo.
Cuando uno lo piensa, la imágen y actitud que habían llevado en su trayectoria hasta ese momento no variaba mucho del country and western norteamericano. Al fin y al cabo eran una especie de forajidos, de indeseables outlaws, no muy distintos a los que habitaban las canciones de Hank Williams o Merle Haggard. El desarraigo, la desolación y los vicios, que reafirmaban el sentimiendo de no pertenecer a esa extraña y peligrosa amalgama autonombrada sociedad los unía a los viejos trovadores cuyas lastimeras voces salian de las rocolas de los bares al sur de Estados Unidos.
En "Dead Flowers", literalmente Flores Muertas, un narrador, cuyo papel toma Jagger, no sin un dejo de sorna, le ofrece su amor incondicional a la mujer que lo ha dejado. Ella se ha ido con otro, quizás uno con más dinero, pero aún así él, el abatido narrador, le ofrece su fidelidad y lealtad absolutas, aunque claro, no estará solo:
Well, when youre sitting there/In your silk upholstered chair/Talking to
some rich folks that you know/Well I hope you wont see me/In my ragged
company/You know I could never be alone
Uno ha escuchado apenas el pimer verso y piensa en lo universal del sentimiendo. Piensa en los mariachis que acompañan al ebrio dolido al zaguan detrás del cual seguramente yace la otrora amada en brazos del nuevo amante. Piensa en el trío que acompaña al fámelico poeta que ha decidido gastar el dinero que recibio en el empeño por el añillo de compromiso (ahora sin sentido, otro malo recuerdo) en alcohol, putas y música de los Panchos. Piensa en Hank Williams agonizando después de un coctel mortal de pastillas y alcohol en el asiento trasero de un coche que lo lleva a una tocada. Piensa en el Lo Dudo de los Tres Ases, en el Ne Me Quitte Pas de Jacques Brel y en el In the Wee Small Hours of the Morning de Sinatra. Piensa en los hombres heridos, en los caidos en batalla, en los que no supieron moderar las dosis de amor que entregaban, en los que frágiles como la brisa proyectaban fortaleza a base de crueldad (do you have to be so cruel to be callous dice Costello) en los que heridos de muerte se arrastran sobre la arena gritando el nombre de Gelsomina, la mujer a la que amaban y a la que no aceptaron por miedo al rechazo quizás, pero más aún por miedo a descubrirse humanos, vulnerables al dolor, pero también al amor. Tal vez el hombre será mas feliz y vivirá más pleno cuando comprenda que con las mujeres, como con las rosas, hay que correr el riesgo: puede que termines espinado, pero valdrá la pena intentar capturar la fragancia de su aroma.
Tómame pequeña Linda, tómame/sé que crees ser la reina del
subterráneo/y
puedes enviarme flores muertas cada mañana/enviarme flores
muertas por
correo/enviarme flores muertas a mi boda/y yo no olvidaré
colocar flores muertas
sobre tu tumba.
lunes, 19 de octubre de 2009
Desisto del proyecto. No encuentro mis llaves. Joder. Ahora tendré que esperar a que alguien llegué, no puedo dejar el apartamento abierto. Aquí no hay nada que hacer. Leer, tal vez. Mirar un rato la tele. Revisar algunos textos. El de la editorial no tiene tiempo, o al menos eso nos ha dicho. Tal vez marcarle a Diana y decirle que venga, que hay tiempo de quejarnos del mundo, de tratar de ordenarlo, de inventarnos a golpe de tabaco y café negro un mundo mejor, más comodo para la singular forma de nuestros complejos. Pero lo más probable es que no pueda. A ella la realidad le alcanzó y tuvo que hallar un trabajo. Es asistente de una reportera en una revista de negocios. Trató de convercerme de presentarme para una vacante similiar. "A mí aún me alcanza con lo que me mandan de casa" le dije, después de mi negativa. La beca se nos acabo hace un buen rato, pero aún resulta emocionante cruzar el portón del cole y sentir como una aire de solemnidad nos refresca la rebeldía, por más contradictorio que esto parezca.
Prendo el estéreo. Al abrir la bandeja me topo con un cd blanco. Ramones. Anthology. A mano, tinta negra. Sacó el disco, no estoy de humor para ingenuas distorciones de sonido. Busco entre la pila de cajas de plástico sucio. Nada interesante. Algo de pop, trova a montones, incluso ópera, o mejor dicho, eso que los yuppies con retraso llamán ópera. Sarah Brightman, Emma Shapplin. Nunca he escuchado alguna de sus placas completas. Con suerte jamás lo haré. Un par de discos de boleros, incluso uno de bossa nova. No. Demasiado suave. Al fin un disco original, que no se diga que en esta casa no se cumple con la ley. El MTV Unplugged de la Venegas. Lo coloco en la charola. Play. Los aplausos. La ovación. Es lo que menos importa. Tengo que confesarte a veces... No es el momento indicado. Tampoco el lugar. Con prisa, casi con desesperación, busco el track siete. Quizás el paso del tiempo nos enseñe algo...
Ultimamente el tiempo ha sido mi obsesión predilecta. Y es que todos mis planes a futuro se limitan a esperar. Nueve, ocho meses. Aunque se que en tanto tiempo las cosas pueden dar un giro completo, tal vez ya no seremos los mismos... Esperar. Esperar un milagro, y mientras tanto sentarse en el pórtico a ver como giran la ruedas. Pero Julieta me recuerda que el presente es lo único que tengo, pero considera el panorama completo y también espera que ojalá y el tiempo sirva de algo. Pero me alivia que sigamos, ella (fantasma, sombra, posible desenlace, principio fatal) montados en el mismo tren, sobre el mismo vaivén que a veces, no siempre, nos provoca una nauseas mortales. Ese ligero malestar.
A veces juego a ser sabio y me conformo con imaginar que alguna vez, amor de mis amores, podré ayudarte, sacarte de algún apuro, decirte algo importante o simplemente dedicarte una canción de Julieta Venegas.
Julieta Venegas, MTV Unplugged. 2008.

http://rapidshare.com/files/185651856/JULIETA_VENEGAS_-_MTV_UNPLUGGED_BY_CLOUD.rar
domingo, 18 de octubre de 2009
De ridículas eternidades...
La finalidad de este blog es poco precisa. Tampoco me es posible predescir el rumbo que habrá de tomar, ni la naturaleza de lo aqúi publicado. Este blog habrá de navegar entre la literatura y la música, entre la pornografía y el consumo de sustancias ilegales, entre la siempre incompleta descripción de lo sagrado y la siempre necesaria construcción de lo profano.
El nombre lo he tomado prestado de una canción que he escuchado poco, ue sirve de tema a una película que nunca he visto completa. Como sea la canción la canta Sinatra y por su actuación en la cinta homónima se llevó a casa un premio de la academia por mejor actor de reparto. 1953.
De cualquier forma el origen de este blog es bifronte: por un lado obedece a un asignación escolar y por el otro es una de las tantos medios en los que intentaré, con refinados medios y convincentes textos rebuscados, imponer mi opinión, gusto y punto de vista sobre el de los demás. Además claro de plasmar mis muy personales fobias, exorcisar mis demonios/recuerdos más dolorosos y hacer sorna de uno que otro individuo poco afortunado.
Todos los comentarios son bien recibidos, y cuanto más agresivos aún mejor, así se afila la espada y se fortalece el escudo.
Sin más preámbulos.